El Cabril vuelve a situarse en el centro de una discusión que en Córdoba nunca termina de apagarse. El centro de almacenamiento de residuos radiactivos de Hornachuelos, gestionado por Enresa, ha recibido ya 16.000 metros cúbicos de residuos procedentes del desmantelamiento de la central nuclear de Zorita, un movimiento que refuerza su papel dentro del mapa nuclear español en un momento en el que la instalación encara además nuevos planes de ampliación.
La cifra no es menor. Según los datos confirmados a Cordópolis, ese material llegado desde José Cabrera-Zorita forma parte del desmantelamiento de la primera central nuclear que funcionó en España. De las 146.000 toneladas de materiales generadas en ese proceso, unas 20.000 toneladas eran radiactivas, mientras que el resto correspondía a material convencional o desclasificado. La propia información disponible sitúa además el proyecto de Zorita ya en su fase final, centrada en la restauración del emplazamiento.
Pero la noticia no se entiende solo por lo que ya ha entrado, sino por lo que está por venir. El Consejo de Seguridad Nuclear informó de que, a 31 de diciembre de 2024, la zona de almacenamiento de residuos de baja y media actividad de El Cabril estaba al 83,69% de su capacidad, y respaldó la autorización para disponer de nuevas celdas con el horizonte de 2028. En paralelo, el organismo señala que la instalación cuenta también con dos celdas para residuos de muy baja actividad, parcialmente ocupadas, de un total de cuatro autorizadas.
Ese escenario enlaza con la ampliación que se proyecta para el centro. La plataforma sureste autorizada permitirá incorporar nuevas celdas para seguir absorbiendo residuos de baja y media actividad, en línea con la planificación estatal. Distintas informaciones publicadas en los últimos meses apuntan a una ampliación en dos fases y a la necesidad de ganar capacidad para asumir los materiales procedentes del cierre y desmantelamiento de centrales nucleares españolas durante las próximas décadas.
Y Zorita no será el único origen. El Cabril tiene previsto recibir también 2.000 toneladas de residuos radiactivos en la primera fase del desmantelamiento de Santa María de Garoña, con un calendario concentrado sobre todo en 2026 y 2027, aunque prolongado hasta 2028. De hecho, ya han comenzado a llegar materiales de esa central burgalesa, lo que refuerza la idea de que el complejo cordobés seguirá siendo una pieza clave en la gestión de residuos nucleares en España.
Todo ello vuelve a encender un debate especialmente sensible en una zona donde El Cabril lleva años siendo motivo de controversia. La Asociación Ecologista de Hornachuelos, Hornasol, ha recurrido la ampliación autorizada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y ha pedido su paralización. En su escrito, la organización muestra su rechazo al crecimiento de la instalación y sostiene que esa oposición es compartida por distintos colectivos de Andalucía y Extremadura.
Frente a esas críticas, las fuentes oficiales insisten en la seguridad operativa del centro. Enresa informó de que en 2024 El Cabril recibió 2.722,26 metros cúbicos de residuos radiactivos en 295 expediciones y defendió que la actividad se desarrolló sin incidencias y sin impacto radiológico en el entorno, mientras que el CSN ha reiterado públicamente el funcionamiento seguro de la instalación.
Con más residuos entrando, más centrales encaminadas al desmantelamiento y una ampliación en marcha, El Cabril vuelve así a convertirse en mucho más que una instalación técnica. Para unos, es una infraestructura imprescindible dentro de la estrategia energética y de gestión de residuos del país; para otros, un símbolo de una carga que Córdoba sigue asumiendo mientras crece la inquietud sobre sus límites, su impacto y su futuro.
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